Notas de Interés
La ONU advierte sobre crisis por falta de innovación en antibióticos
La causa es la proliferación de cepas bacterianas resistentes a la mayoría de los antibióticos disponibles, junto a la falta de nuevas moléculas.

 

 

 

 

 

 

Un informe publicado por Naciones Unidas (ONU) previene ante un escenario de crisis sanitaria y económica derivado de la falta de innovación de antibióticos. La proliferación de cepas bacterianas resistentes a la mayoría de los antibióticos disponibles, junto a la falta de nuevas moléculas, podría causar crisis sanitarias con millones de muertes, además de acrecentar las desigualdades socioeconómicas e incrementar la pobreza global.

 

En el informe se señala que las infecciones causan más de 700.000 muertes cada año, de las que alrededor de 230.000 son achacables a tuberculosis por cepas resistentes a todos los medicamentos tuberculostáticos disponibles. La crisis que se anticipa será consecuencia del uso masivo e indiscriminado de antibióticos y antifúngicos tanto en medicina humana como veterinaria, y en horticultura.

 

Las bacterias resistentes podrían causar 10 millones de muertes a mediados de siglo, si la investigación no consigue desarrollar novedosas moléculas antibióticas durante las próximas dos décadas. Esta potencial crisis sanitaria implicaría graves consecuencias sociales y económicas en todo el mundo. Ciñéndonos al conjunto de países con elevados estándares de vida (Norteamérica, Europa, Japón, Australia y Nueva Zelanda), el informe estima que durante los próximos 30 años, más de 2,4 millones de personas podrían fallecer víctimas de infecciones resistentes a todos los antibióticos disponibles.

 

En muchos países, es muy difícil acceder a un dispensario médico. Sin embargo, es posible comprar antibióticos (muchas veces falsificaciones o adulteraciones) a vendedores ambulantes. Así, las infecciones no se controlan de modo adecuado y las cepas bacterianas resistentes prosperan bajo una presión de selección favorable hasta terminar predominando. A ello se unen condiciones desfavorables, tanto climatológicas (calor y humedad), como de infraestructuras (deficientes sistemas de potabilización y alcantarillado). El mundo desarrollado tiene la imperiosa obligación de suministrar vacunas y antibióticos a países con bajos estándares de desarrollo socioeconómico, además de ayudar a la implantación de programas de salud pública.

 

El informe solicita a los estados miembros de Naciones Unidas planes de contingencia en los que el uso de antibióticos, en medicina humana y animal, se considere una prioridad. Un aspecto en el que no se incide lo suficiente son los incentivos para alentar el descubrimiento de eficaces medicamentos antimicrobianos. En el cuatrienio 2010-2014 solo se aprobaron seis nuevos medicamentos anti-infecciosos, todos pertenecientes a grupos farmacológicos ya existentes, ninguno una verdadera novedad farmacéutica. A título comparativo, durante el cuatrienio 1980-1984, se autorizaron diecinueve nuevos medicamentos antimicrobianos.

 

La inversión necesaria para desarrollar un nuevo antibiótico es de 500 millones de dólares. Si finalmente se autoriza, los Organismos Reguladores tratan de restringir su prescripción, reservándolo para aquellas situaciones clínicas que no responden a los 4 antibióticos convencionales. Ello perjudica al fabricante al ver reducido el tiempo de venta en exclusividad (derechos de patente), durante el que ha de recuperar la inversión realizada y obtener ganancias para la sostenibilidad de la propia industria. Cuando vence la patente, se pueden comercializar versiones genéricas del fármaco, mucho más baratas. Por otra parte, los antibióticos se utilizan generalmente durante unos pocos días (1 o 2 semanas a lo sumo, salvo excepciones), a diferencia de los tratamientos crónicos con otros fármacos (por ejemplo, antihipertensivos, hipocolesterolemiantes, antidiabéticos, etc.).

 

Es imperativo, pues, hallar mecanismos que estimulen a la industria farmacéutica a emprender líneas de investigación novedosas y, por ello mismo arriesgadas, que amplíen el vademécum de fármacos antimicrobianos. Algunas estrategias parecen obvias: aumentar el tiempo de venta en exclusividad, exenciones fiscales, precios ajustados a la inversión realizada (que debe considerar las moléculas que fracasan durante la investigación), control de las falsificaciones, por mencionar las más evidentes. Estas inversiones se deben contextualizar, no solo en una ganancia intangible (mejora de la salud global), sino en beneficios tangibles (reducción de la pobreza). Téngase en cuenta que los programas de lucha contra la resistencia a los antiinfecciosos tiene un coste anual de 9.000 millones de dólares anuales (datos del Banco Mundial).

 

El informe ha sido redactado por UN Interagency Coordination Group on Antimicrobial Resistance, y dirigido por Haileyesus Getahun.

 

Fuente: ABC

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