La investigación en oncología atraviesa uno de los períodos de mayor dinamismo de su historia. En los últimos 30 años, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha aprobado cerca de 200 nuevos tratamientos contra el cáncer, una cifra que refleja la aceleración del desarrollo científico y el cambio de paradigma en la forma de abordar las enfermedades oncológicas.
De acuerdo con análisis elaborados por el Swedish Institute for Health Economics (IHE) y difundidos por la Federación Europea de Asociaciones de la Industria Farmacéutica (EFPIA), el ritmo de incorporación de nuevos medicamentos creció de manera exponencial: mientras entre 1995 y 1999 se autorizaba aproximadamente un tratamiento por año, entre 2020 y 2024 el promedio alcanzó las 13 aprobaciones anuales.
Este crecimiento responde a los avances registrados en biología molecular, inmunología y genómica, disciplinas que permitieron comprender que el cáncer no constituye una única enfermedad sino un conjunto de patologías con características biológicas diferenciadas. Como consecuencia, la estrategia terapéutica evolucionó desde tratamientos generalizados hacia una medicina de precisión basada en terapias dirigidas e inmunoterapias.
Entre las tecnologías que impulsan esta transformación se destacan los anticuerpos monoclonales, los inhibidores de tirosina quinasa, los conjugados anticuerpo-fármaco y los anticuerpos biespecíficos, desarrollados para actuar sobre alteraciones moleculares específicas presentes en distintos tipos de tumores. Para la industria farmacéutica, estas plataformas representan uno de los segmentos de mayor inversión en investigación y desarrollo a nivel global.
La innovación no solo se refleja en la llegada de nuevos medicamentos. La EMA también ha aprobado más de 300 ampliaciones de indicación para productos ya disponibles, permitiendo que terapias existentes puedan utilizarse en nuevos tipos de cáncer, estadios más tempranos de la enfermedad o poblaciones específicas, como pacientes pediátricos. Este proceso optimiza el aprovechamiento del conocimiento científico y amplía las opciones terapéuticas sin necesidad de desarrollar un principio activo completamente nuevo.
Uno de los ejemplos más significativos es el mieloma múltiple. La incorporación sucesiva de nuevas familias terapéuticas, incluyendo inmunomoduladores, inhibidores del proteasoma, anticuerpos monoclonales y terapias CAR-T, contribuyó a que la supervivencia a cinco años prácticamente se duplicara en las últimas décadas, pasando de alrededor del 30% a cerca del 60%.
La oncología también se consolidó como el área de mayor actividad investigadora dentro de la industria farmacéutica. En 2023 concentró cerca del 29% de todos los ensayos clínicos iniciados a nivel mundial y representó aproximadamente el 28% de los nuevos principios activos recomendados para aprobación por la EMA durante 2024, una tendencia que evidencia la prioridad estratégica que el sector asigna al desarrollo de nuevas terapias contra el cáncer.
Para los especialistas, el desafío ya no pasa únicamente por generar innovación, sino también por acelerar su llegada a los pacientes mediante procesos regulatorios más eficientes, modelos de evaluación adaptados a terapias altamente complejas y sistemas de financiamiento que acompañen el ritmo del desarrollo científico. En ese escenario, la experiencia europea se perfila como una referencia para la evolución de las políticas de innovación farmacéutica en distintos mercados del mundo.
Fuente: El Globalfarma.