El crecimiento del mercado de nutracéuticos plantea un nuevo desafío para los sistemas regulatorios sanitarios. En Chile, especialistas del sector advierten que la falta de un marco normativo específico para estos productos está generando una situación de incertidumbre que impacta tanto en la seguridad del consumidor como en la capacidad de innovación de los fabricantes.
Los nutracéuticos, productos elaborados a partir de ingredientes derivados de alimentos con componentes bioactivos y beneficios potenciales para la salud, ocupan un espacio intermedio entre la industria alimentaria y la farmacéutica. Esta característica ha generado históricamente dificultades regulatorias en distintos países, debido a la necesidad de definir criterios sobre composición, evidencia científica, declaraciones de propiedades saludables y requisitos de fabricación.
En Chile, especialistas señalan que la actual clasificación de determinados ingredientes genera barreras para el desarrollo formal del sector. Según un informe citado por ADN Radio, el Instituto de Salud Pública (ISP) habría clasificado decenas de ingredientes alimentarios dentro de categorías asociadas a medicamentos, pero sin que estos productos logren avanzar hacia registros sanitarios específicos, generando una zona gris regulatoria.
Desde la perspectiva de la industria, esta falta de definición puede afectar especialmente a los fabricantes que buscan operar bajo estándares de calidad certificados. La ausencia de una vía regulatoria clara dificulta la planificación de inversiones, el desarrollo de nuevos productos y la incorporación de procesos industriales alineados con buenas prácticas de manufactura (BPM).
Uno de los principales riesgos asociados a la falta de regulación es el crecimiento de canales informales de comercialización. La venta de suplementos y productos con ingredientes bioactivos a través de internet o circuitos no controlados puede dificultar la verificación del origen de las materias primas, la concentración real de los principios activos y la ausencia de contaminantes o sustancias no declaradas.
Para la industria nutracéutica, la trazabilidad representa uno de los pilares fundamentales del desarrollo futuro. El control desde la selección de proveedores hasta la liberación del producto terminado permite garantizar identidad, pureza, estabilidad y consistencia entre lotes, aspectos que resultan esenciales cuando los productos buscan posicionarse en mercados vinculados con la salud.
El debate también involucra un aspecto económico y científico. Según referentes del sector citados en la discusión regulatoria chilena, las restricciones actuales podrían estar limitando la transferencia de investigaciones desarrolladas en laboratorios hacia productos comerciales, reduciendo las oportunidades de crecimiento para una industria basada en innovación alimentaria y biotecnología.
A nivel internacional, distintos mercados avanzan hacia modelos regulatorios específicos para los nutracéuticos, combinando requisitos de seguridad alimentaria con exigencias relacionadas con evidencia científica, calidad farmacéutica y control de procesos. Esta tendencia busca evitar tanto la sobreexigencia que frena la innovación como la falta de controles que puede poner en riesgo a los consumidores.
Para los fabricantes, el desafío consiste en construir una industria sustentada en estándares verificables: proveedores calificados, validación de procesos, controles analíticos, documentación técnica y sistemas de calidad robustos. La adopción de estos criterios permite diferenciar los productos confiables frente a aquellos que circulan sin respaldo sanitario.
La discusión sobre el futuro regulatorio de los nutracéuticos en Chile refleja un debate más amplio que atraviesa a toda la industria de la salud: cómo equilibrar innovación, acceso y seguridad. La definición de reglas claras será determinante para que el sector pueda crecer de manera sostenible y con la confianza necesaria de consumidores y profesionales sanitarios.
Fuente: ADN Radio.