En un escenario donde la presión por reducir costos, mejorar la calidad y minimizar la huella ambiental se vuelve cada vez más intensa, la industria farmacéutica encuentra en la automatización y la mejora continua una respuesta concreta. Ya no se trata solo de producir más, sino de producir mejor. Y en ese camino, herramientas como Lean Manufacturing, PLC y SCADA se posicionan en el centro de la transformación.
Un estudio reciente analizó el impacto de aplicar estas metodologías de forma integrada en entornos productivos farmacéuticos. Los resultados son elocuentes: menos residuos, mayor eficiencia y una digitalización que permite controlar cada etapa del proceso con una precisión inédita.
El corazón de esta evolución tecnológica reside en la conjunción de dos sistemas clave: el PLC (Controlador Lógico Programable) y el SCADA (Supervisión, Control y Adquisición de Datos). Mientras el primero actúa como el cerebro que automatiza procesos a partir de entradas y salidas programadas, el segundo permite visualizar y analizar en tiempo real lo que ocurre en planta. Juntos, conforman una arquitectura que no solo ejecuta, sino que también aprende, ajusta y mejora.
Esto adquiere especial relevancia en un entorno tan regulado y delicado como el farmacéutico, donde cada segundo de ineficiencia puede representar un desecho costoso, una desviación en calidad o un riesgo operativo. La posibilidad de rastrear el origen de los residuos, anticipar fallos y responder rápidamente transforma completamente el modelo de gestión tradicional.
El enfoque Lean –con su énfasis en eliminar desperdicios y maximizar valor– encuentra un terreno fértil cuando se apoya en tecnología. En el caso estudiado, más de la mitad del tiempo de producción estaba destinado a actividades sin valor agregado. Al identificar y abordar estos cuellos de botella, se lograron rediseñar flujos de trabajo, reducir paradas innecesarias y acortar los tiempos entre lotes.
El análisis también reveló vínculos claros entre los residuos generados y ciertas fases críticas, como los arranques de máquina, los cambios de lote y las operaciones manuales. Aquí, la automatización marcó la diferencia: mientras SCADA ofrecía un diagnóstico visual preciso, los PLC permitieron estabilizar procesos, minimizar variabilidad y reducir riesgos como la contaminación cruzada.
Más allá de los beneficios operativos, la implementación tecnológica provocó un cambio profundo en la cultura organizacional. Los equipos debieron capacitarse, adoptar nuevos lenguajes técnicos y asumir una actitud activa frente a la mejora continua. Esta evolución humana es clave para sostener cualquier avance a largo plazo.
Desde la perspectiva ambiental, los resultados también fueron contundentes. Una producción más ajustada a la demanda permitió disminuir el consumo energético, de agua y de materias primas. Al mismo tiempo, la trazabilidad mejoró significativamente, fortaleciendo la seguridad del paciente y el cumplimiento regulatorio.
En definitiva, este modelo de producción –que combina eficiencia, automatización y sostenibilidad– deja de ser una aspiración para convertirse en un camino viable y necesario. La sinergia entre Lean, PLC y SCADA no solo optimiza la operación diaria, sino que redefine el rol de las plantas farmacéuticas en un ecosistema productivo más inteligente y circular.
El futuro parece orientarse hacia una integración aún más profunda con otras herramientas de mejora continua y hacia entornos colaborativos donde la toma de decisiones esté respaldada por datos. En esa dirección, la tecnología ya no es solo un soporte: es un motor del cambio.
Fuente: Consalud