Notas de Interés

Suplementos alimenticios: mitos y realidades según evidencia científica y expertos de Stanford
Frente al crecimiento del mercado de suplementos, especialistas en nutrición destacan que estos productos no sustituyen una alimentación equilibrada y que muchos mitos populares pueden llevar a decisiones ineficaces o incluso riesgosas para la salud.

El uso de suplementos alimenticios se ha disparado en los últimos años, impulsado por la búsqueda de bienestar, la moda fitness y la promoción en redes sociales. Sin embargo, expertos en nutrición de Stanford Medicine advierten que gran parte de lo que se cree sobre estos productos está basado en mitos más que en evidencia sólida. En primer lugar, recomiendan entender que no todas las personas necesitan suplementos: su uso puede tener sentido cuando existe una deficiencia clínica confirmada, una dieta muy restringida o condiciones específicas, como embarazo, postcirugía bariátrica o ciertas deficiencias detectadas en análisis de sangre. Para la mayoría de la población con dietas variadas, la nutrición proviene principalmente de los alimentos, y tomar multivitamínicos “por las dudas” puede no aportar beneficios claros.

 

Un mito persistente es pensar que los suplementos son seguros simplemente porque son “naturales”. A diferencia de los medicamentos, estos productos no están regulados con los mismos estándares de seguridad, eficacia o contenido antes de llegar al mercado, lo que puede traducirse en variabilidad de calidad e incluso presencia de contaminantes. Además, algunos suplementos pueden interactuar con medicamentos prescritos, como anticoagulantes o antidepresivos, lo que subraya la importancia de consultar con un profesional de la salud antes de incorporarlos a la rutina.

 

Otro equívoco común es creer que tomar suplementos exime de prestar atención a la alimentación. Los nutrientes en los alimentos se absorben mejor cuando se consumen en su matriz natural — con otros compuestos que favorecen su asimilación — y además aportan beneficios que no se replican en píldoras o polvos. La evidencia muestra que una dieta equilibrada basada en alimentos integrales sigue siendo la forma más eficaz de cubrir necesidades nutricionales y que los suplementos deben ser considerados solo como complemento, nunca como sustituto de la comida.

 

También está la creencia de que “más es mejor”. Sin embargo, dosis excesivas de ciertas vitaminas o minerales pueden ser perjudiciales y, en algunos casos, tóxicas. Por ejemplo, dosis altas de vitamina B6 pueden dañar los nervios, y un exceso de vitamina D puede aumentar el riesgo de fracturas. Por eso, los especialistas recomiendan apegarse a las recomendaciones dietéticas establecidas por organismos científicos y evitar megadosis sin supervisión médica.

 

Finalmente, se debe tener claro que los suplementos no son una solución mágica para problemas de salud complejos. Aunque ciertos suplementos tienen evidencia científica sólida para usos específicos —como la vitamina B12 en veganos o ácido fólico en embarazo— su capacidad para “curar” o resolver condiciones de salud sin intervención profesional es limitada o inexistente. Más aún, el recurso a suplementos en lugar de atención médica basada en evidencia puede retrasar diagnósticos y tratamientos apropiados.

 

En suma, el uso responsable de suplementos alimenticios requiere evaluación individual, evidencia científica y supervisión profesional, y debe enmarcarse en un enfoque global de alimentación saludable, actividad física y estilo de vida equilibrado para promover la salud a largo plazo.

 

 

Fuente: Portal Montevideo.